La manera de relacionarnos con la realidad objetiva tiene que ver con nuestra vivencia personal del mundo. El mapa no es el territorio, todos tenemos un modelo del mundo. Y ese modelo del mundo se forma a partir de las creencias desarrolladas a lo largo de nuestra vida, y a partir de las huellas afectivas que vamos registrando. Esto va conformando una personalidad que, cuanto más cerca esté de nuestro “ser persona”, más libres nos hará.
En este apartado pondremos nuestra atención sobre aquellos afectos más relacionados con cada personalidad. Nunca está de más recordar que esta correspondencia nos ayuda al solo efecto de acercarnos a la persona –es una ayuda y nada más–. Ante una persona en concreto, estos conceptos tienen que dar paso a la escucha muy atenta de ese ser en particular.
En nuestro primer libro estudiamos las nueve personalidades básicas. Describimos detalladamente, la forma en que cada una se manifiesta afectivamente. Detrás de la personalidad defensiva, existen afectos defensivos que no se han podido sanar, huellas emocionales que no se han resuelto. En términos de personalidades existen afectos defensivos como la ira, el egoísmo, el resentimiento, la indiferencia, el miedo, el hedonismo, el autoritarismo, la pereza. Detrás de cada afecto defensivo encontramos el afecto creativo, como la tolerancia, la compasión, la comunicación, la sensibilidad, la generosidad, el valor, la alegría, la protección de otros, la voluntad.
Las heridas vividas por una personalidad Naranjo, que se caracteriza por el perfeccionismo, encubren una huella emocional que se fue gestando desde la más tierna infancia sustentada en los mandatos de que para ser amado hay que hacer las cosas bien. De ahí se va conformando una personalidad que tiene como afectos a resolver el enojo contenido, la irritabilidad interna, la intolerancia, la crítica, los sentimientos de inseguridad y desvalorización.
De la misma forma la personalidad Paraíso, que se caracteriza por la búsqueda del amor a través del servicio, existe la creencia desarrollada de que para ser amado hay que ayudar. Dentro de los afectos a resolver se encuentra la herida emocional de abandono, la necesidad de controlar a los otros, la vulnerabilidad afectiva basada en que todo duele, todo afecta.
Es diferente la huella emocional arquetípica de la personalidad Grevillea que actúa bajo el mandato parental de que hay que ser exitoso y reconocido para ser querido en el ámbito familiar. Esto conduce a vivir la vida en una lucha permanente, en una inseguridad permanente que conduce a ser impacientes, ansiosos, competitivos, preocupados por la imagen personal.
En el caso de Jacarandá defensivo, se sufre porque no se siente amado. La persona queda esclava de los sentimientos que lo transportarán a estados emocionales perturbadores sin poder salir de la maraña emocional. Esto los hace vulnerables, y los lleva a perderse en el mundo afectivo, a abrumarse y sufrir por ello. En defensa, su herida emocional lo lleva a la inseguridad, falta de confianza, resentimiento y melancolía.
Frente a la herida emocional profunda de algún dolor muy fuerte, Arrayán se defiende haciendo de cuenta que nada ha sucedido, y así puede sentir mucha ansiedad y caer en estados de impaciencia. Puede convertirse en egoísta, narcisista. En la base de su herida emocional está la poca resistencia a las frustraciones.
La personalidad Glicina sufre de miedo básico al desamparo. Es un estado afectivo que necesita ser integrado, se trata de una personalidad que debe trabajar mucho con su miedo, su falta de confianza personal, su necesidad y a veces obsesión de que todo esté bien estructurado para alejar sus fantasmas del miedo al rechazo.
En relación al Ceibo, diremos que teme la vulnerabilidad afectiva. Ceibo reacciona desarrollando fundamentalmente su mundo cognitivo, pero sacrificando o bloqueando su mundo afectivo. Siente una gran inseguridad que trata de evitar acumulando conocimiento. Para su defensa se convierte en una persona avara, ya que no comparte todo lo que sabe. Genera sentimientos de soberbia y eso conduce finalmente a la soledad.
El miedo básico de Coronilla, es a ser humillado, desvalorizado. Siente la competencia de sus semejantes, siente desconfianza y trata de imponer su autoridad.
La personalidad Eucaliptus busca la paz. Su herida emocional se traduce en un profundo miedo a la separación, por lo que puede pasar por estados de angustia, estrés. Duda mucho de sus pensamientos, tiene que lidiar con su pereza y puede caer en períodos de gran inactividad.